Un misil de De Bruyne no evita el desastre del City

Los síntomas se venían intuyendo desde hacía tiempo, pero en un deporte tan voluble como el fútbol, donde un misil como el que se sacó De Bruyne en el 82 podía haberlo cambiado todo, hasta que los fríos datos no refrendan las sensaciones parece que no se puede hablar de caída ni encumbramiento de ningún equipo. Ese momento, el de mirar al marcador de los últimos cinco encuentros, ha llegado para el Manchester City.

Una derrota, tres empates y una victoria conforman el pobre bagaje de los de Pep, que, relajados en Champions y abatidos por la distancia con el Liverpool en Premier, parecen haber perdido la capacidad arrolladora que les definió hasta mucho. Con su empate de hoy ante el Newcastle los actuales campeones podrían, si los reds ganan su partido en Anfield ante el Brighton, quedarse a 11 puntos del líder antes incluso de que llegue diciembre.

Se adelantó el Manchester City sin embargo sobre los 20 minutos de juego con un tanto de Sterling, que aprovechó una jugada embarullada bien rematada por una dejada de tacón de Silva para marcar su primer gol desde principios de mes. Ni tres minutos le duraría la alegría a los de Pep, que no estaban teniendo tanto dominio del juego como se esperaba en un escenario siempre exigente. Willems, con un disparo cruzado desde dentro del área tras una buena jugada, empataría el encuentro para delirio de los suyos, que habían salido con un 5-4-1 ultra defensivo para tratar de tapar al actual campeón de la Premier.

Sin desmerecer un más que serio partido de las Urracas, la pregunta a partir de ese momento era qué le está pasando a este Manchester City para que se le compliquen encuentros que hasta hace no tanto solventaba con goleadas. Con un juego lento, previsible y desprovisto de mordiente en varias fases del partido, parecía imposible que los de Pep pudiesen llevarse los tres puntos del St James’ Park. La definición, además, tampoco parecía acompañarlos, y ni Gabriel Jesús ni Bernardo Silva estuvieron a la altura en la resolución de dos acciones bastante claras.

Parecía que lo había arreglado De Bruyne en apenas dos segundos, lo que tardó en controlar con el pecho, mirar cómo votaba el esférico y enviarlo con violencia a la escuadra de Dubravka, pero Shelvey le devolvió el disparo de larga distancia en el 88 para devolver la igualdad al marcador con su primer gol en casa en Premier League con el Newcastle.

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